jueves, 5 de abril de 2012

Elogio de la Colección AUSTRAL


Elogio de la Colección Austral

 

            Recuerdo mi primer encuentro con la colección Austral. No provengo de una familia de estudio, pero revolviendo un aparador de mi abuela, a mis tiernos 8 años, en 1983, aparecieron entre muchos libros de texto de mi madre (de su paso por la escuela secundaria) los Comentarios Reales del inca Garcilaso de la Vega de la colección Austral. Estaban muy bien conservados, tanto, como para suponer (lo presumo ahora, que me he acostumbrado a hacer este tipo de inferencias) que lo leyó muy poco, si es que lo leyó. Deduzco que fue uno de los textos pedidos por algún profesor de literatura en el colegio al que ella iba, el Cristo Rey de Córdoba capital, República Argentina, por allá por 1966.
Ya en ese primer encuentro de 1983, recuerdo fehacientemente, hubo un magnetismo entre este librito y yo (pero no para leerlo). Su formato, su tipografía, y sobre todo, su cubierta, me fascinaban... me atraían particularmente las pecas blancas, que tenían cierto efecto psicodélico, y el emblema, Capricornio (descifré mucho después la razón del motivo representado) y tengo muy presente que me gustaban inexplicablemente.
            Con el paso de los años he comprendido que esa cabra con cola de pescado es el signo zodiacal de Capricornio y la constelación correspondiente, y más tarde aún, entendí lo que ello significa en cuanto a que la editorial debió trasladarse a Argentina, tierra austral bajo el trópico de Capricornio, que da la explicación del logo de la editorial.
            Con el correr de los años, se intensificó mi gusto por los libros, y empecé a merodear y fatigar las librerías de viejo de Córdoba. No fueron pocos los ejemplares usados de la Colección Austral que fui exhumando. Pero yo aún no despertaba a una plena conciencia de la fascinación y la amistad entre sus volúmenes y mi mente. Sin embargo, la amistad se iba forjando de manera inconsciente... Llegaban a mis manos desde los estantes de las librerías de usados, a veces con la pellica de color y sus motitas blancas; otras, sin esta especie de peninsular albornoz tan característico, que no había sabido escapar a los naufragios del tiempo o a las piraterías de lectores inescrupulosos... Como, sea, si algún tomito Austral que encontraba me gustaba y estaba dotado todavía del sobrepelliz, ya encarnado, ya amarillo, ya azul, ya gris, ello era un plus más de hermosura del libro. A pesar de su humildad, algunas de estas vestes cuentan con un perlado y una textura que parecen de un satinado antiguo, y que no se puede reproducir hoy en día, constituyendo un atractivo, un plus de amenidad que mejora el hallazgo.
            Mítica colección!, es el paradigma de la lectura recoleta, humildes ejemplares, pero profundos por antonomasia, por la "habsbúrguica" severidad española de su formato, como revestidos con las galas de un místico ermitaño, severo, pero pulcro y adobado en la compostura de su saber.
            Incluso la vejez de los libritos de Austral, en los volúmenes de 1948 hacia atrás, es fragante, con un aroma y un dorado viejo que no tienen otros libros... es hermosa la sobrecubierta moteada (que en las librerías de usados a veces no se halla) y, como ya afirmé, suele ser un plus gratificante cuando compramos un volumen usado, si está brillante y bien conservada. La otra vez invité a oler las hojas a un alumno... me miró como si yo estuviese loco, pero insistí en la propuesta y apenas sacó la nariz de su experimento olfativo, exclamo ¡olor a vainilla! quedé feliz con la comparación, sabrosa y agradable...
En otros casos, difiere la textura del papel interno de las hojas: a veces, son más satinados los folios, pero en otros casos, son tan ásperos y secos, que su textura no resiste ni el paso de un lápiz en acotación de marginalia, porque se hunde la mina y el papel se quiebra, casi como si quisiera desgranarse... En todos los casos, me resulta grata la relación que establezco con estos dignos hijos de los manuscritos y pergaminos antiguos, y aunque alguien me retrueque que se trata de alguna rara perversión fetichista, ello no me mueve un pelo, ni hago un solo pestañeo de más y vuelvo a zambullirme en lo que yo sé que es la lectura más amena: la de un veloz ejemplar de la colección Austral... y esto es mágico, porque muchas veces, la experiencia me ha entregado el raro fruto de la siguiente certeza: que alguna obra, que en otras ediciones me ha resultado pesada e insostenible, cuando la leo en Austral (y no porque ello se base en la traducción) me ha resultado, mágica e inexplicablemente, casi como por embeleco o cosa de brujería, más amena y así, la obra misma se ha visto iluminada, se ha convertido en algo interesante, algunos pasajes es como que resaltan por sí mismos, y aunque alguien me rebata diciendo que mi pensamiento sigue por sendas de anticuariato o rezuma simpatías herméticas extrañas a todo lo racional, no me importa: yo sé que de muchas obras que no habría leído en otras ediciones, los libritos de Austral me han resaltado sus valores, brillando sus tesoros intrínsecos en esas páginas, quizás por el contraste de su sencillez en papel sin pretensión, no lo sé... o quizás por una magia que está aún por ser descifrada...
Vez pasada le mostré uno de estos libritos a un colega, profesor como yo de literatura, y me dijo: "Tenemos que comprar para regalar un libro al ganador del concurso literario que se ha organizado entre los cursos del colegio, pero no se te vaya a ocurrir comprar uno de esos usados porque nos lo van a tirar por la cabeza " cosa que me espeto después de mirar como con compasión el trigueño y minúsculo volumen que yo tenía en mi mano, que parecía torrado, tostado como una cajita de hebras de té entre los dedos, y, mientras él miraba así, tristemente mi encanecido y trigueño ejemplar de hojas sombreadas como por un melancólico crepúsculo dorado, yo lo miraba a él, con más lástima todavía pensando que sus parámetros de estética tenían que ver con papel blanco y corazón inodoro ante el experimento de catar el aroma del libro... Me dolió el comentario, porque si bien la lectura no es fácil en los volúmenes más viejos de Austral, si las líneas de imprenta son apretadas, esa austeridad, por contraste con las raras y delicadas obras de la colección, los vuelven más preciosos para los que nos deleitamos en los efluvios y emanaciones que desprende el incienso de los años de cada tipo de papel, cuando ascienden hasta la pineal, en una catación profunda y acompañada de introspección, con la cual abordamos la bienvenida de un nuevo libro antiguo a nuestras manos...

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