jueves, 5 de abril de 2012

Nube de Polonio

La nube de Polonio

de Diego Márquez, el Martes, 18 de octubre de 2011 a la(s) 18:09 ·
Shakespeare nos ha dejado un fragmento memorable, al que yo no había prestado atención hasta que me lo recalcó mi lectura de El Anticuario, de Walter Scott (cap. III), cosa que suele suceder, ya que muchas veces, en lo referente a algo memorable, trascendente o jugoso de una frase o pensamiento no paramos mientes en ello hasta que alguien nos lo subraya desde una vía externa.
Hamlet, en el acto tercero, escena 18,  señala a Polonio, el consejero más versátil que una veleta, una nube, y le dice:



Hamlet -¿ves aquella nube que se parece tanto a un camello?
Polonio -Por Dios, que realmente parece un camello.
Hamlet -Creo que es como una comadreja.
Polonio -Pues sí, tiene el dorso de una comadreja.
Hamlet -O de una ballena.
Polonio -Exacto; de una ballena.

Esa acomodaticia opinión, tan común en los ganapanes y en los oficialistas, es una enfermedad de nuestros días. Toddos envueltos en una bandera e la cual no piensan mucho , que dirige su opinión, a la cual se amoldan como si se tratara de espejismo (porque realmente lo es), sin dejar germinar u criterio propio que, razonadamente, se amolde o no  al parecer dictaminado por quien detenta el poder...

Recuerdo, al pasar, algo semejante, que tiene que ver con la total indigencia (o su simulación) de una opinión propia de la manipulación del pensamiento, que se observa en certas pintadas que aparece por Córdoba (y en el mundo) en donde, por comodidad ,el mensaje se estampa en una chapa calada, sobre la cual, cómodamente después, se dispara pintura en  aerosol, permitiendo multiplicar e mensaje como si de una imprenta se tratara... creo que en este caso, es fácil manipular las mentes, todas igualitas de los jóvenes que se enarbolan ciegamente una bandera cómoda, en cuyos ideales no piensan demasiado, porque sus clichés están ya más masticados que dogmas eclsiásticos y que no admiten variabilidad... sus mentes son tan huecas y han sido manipulaas sin posibilidad de criterio propio, i más ni menos que esas chapas con las que andan y cuyos mensajes estampan en paredes, y sobre todo en el piso, para intentar llegar casi como mensjas subliminales, en los tranquilos peatones qu miran al piso, y que no se pueden lbirar del bombardeo de opinión ni siquiera observando el piso en medio de cavilaciones más puras... pues se  encuentran allí con las frasecitas en contra de tantas cosas, con sus clichés prefabricados.

Lo primero que comenté, el amoldamiento ingenuo (o más bien capcioso y subrepticio) de los obsecuentes medradores, es lo que suele denominarse también Eonismo, por el Chevallier d' Éon, que según conveniencia del rey Luis XV, para quien trabajaba como espía secreto, se dsfrazaba ya de hombre, ya de mujer, en un travestismo político...

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