Hogazas de pan, cola de perro griego y cortinas de humo
Es conocido el tópico del cuento de hadas en los que un príncipe, para rescatar alguna doncella, debe enfrentarse con un umbral donde dos perrazos o mastines, famélicos y salvajes, le salen al paso y lo amenazan con una muerte por desmembramiento con sus filosos colmillos. Generalmente, el héroe salva este obstáculo prevenido por algún mago que le aconseja llevar bajo sus hombros hogazas de pan, que arrojará a los perros para entretenerlos, hasta que el héroe pueda trasponer tan peligroso umbral.
Cuenta Plutarco que Alcibíades poseía en su juventud un perro carísimo que destacaba por su belleza. Como era el niño mimado de Atenas, se convirtió inevitablemente en el centro de atención de todos, de manera que allá por donde pasaba se levantaba inmediatamente una polvareda de comentarios sobre su persona.
Es conocido que Sócrates también se interesó por él, aunque no consiguió introducir ni una brizna de sensatez en su desmedido afán de gloria. Alcibíades para evitar llamar demasiado la atención, decidió cortar el rabo a su perro, lo cual fue motivo de unánimes críticas. Pero cuanto más arreciaban las críticas, más tranquilo se mostraba él, ya que mientras los atenienses se fijasen en la cola del perro, él pasaría más desapercibido. Basándose en esta anécdota Barbey d’Aurevilly escribió Cuarenta medallones de la Academia Francesa, o la cola del perro de Alcibíades y Gustave Flaubert compuso esta entrada en su Diccionario de prejuicios: “ALCIBÍADES: Célebre por la cola de su perro. Tipo de disoluto. Se veía a menudo con Aspasia”.
Precoz ingenio de la corrupción política, de los gajes propios de la ciencia de más sofisticada del arte del robo público: la cortina de humo, tanto en el caso de las hogazas de pan, como el de la cola del sabueso del bello griego. En las consejas, porque las hogazas parecen calmar el furor de la opinión pública y le permitirán al jovencito hacer lo que quiera después de calmar la atenta vigilancia de los celosos canes; y en el caso de la historia griega, porque ya en ese entonces, la acción de Alcibíades rezuma el sabor de una cortina de humo que desviaba la atención de la opinión pública sobre u objeto inconsecuente y nimio, que le permitía obrar con desparpajo y a sus anchas, entretenido e pueblo, como otro perro, con el trozo de pan que le arrojaba Alcibíades en la comidilla de haberle cortado la hermosa cola a su perro...
Los políticos con éxito son aquellos que cuando es necesario le cortan sin piedad la cola a su perro para llenar con su imagen las portadas de los periódicos.
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