La Discordia, entre el Clero y los abogados, según Ariosto
de Diego Márquez, el Domingo, 11 de marzo de 2012 a la(s) 16:11 ·
El pasaje donde Ariosto describe a la Discordia, a quien busca el arcángel Miguel por ordel de Dios para dividir al ejército sarradeno, es célebre, y creo que merece la pena conocerla en el toscano original en que fue redactada.
Se encuentra en el canto XIV del Orlando Furioso, octavas 82 a 84.
Quella che gli avea detto il Padre Eterno
dopo il Silenzio che trovar dovesse.
Pensato avea di far la via d' Averno,
chè si credea che tra' dannati stesse;
e ritrovolla in questo nuovo inferno
(Chi' l crederia?) tra santi uffici e messe.
Par di strano a Michel ch' ella vi sia,
che per trovar credea di far gran via.
La conobbe al vestir di color cento,
fatto a liste ineguali ed infinite,
ch'or la coprono, or no; che i passi e' l vento
le giane aprendo, ch'erano sdrucite.
I crini avea qual d' oro e qual d' argento,
e neri e bigi; e aver pareano lite;
altri in treccia, altri in nastro eran raccolti,
molti alle spalle, alcuni al petto sciolti.
Di citatorie piene e di libelli,
d'esamine e di carte e di procure
avea le mani e il seno, e gran fastelli
di chiose, di consigli e di letture;
per cui le facultà dei poverelli
non sono mai nelle città sicure.
Avea dietro e dinanzi d'ambi i lati,
notai, procuratori ed avvocati.
La descripción es muy sabia, pues incorpora dos ámbitos criticados fuertemente: la Iglesia y los abogados.
traduzco:
Aquella que le había dicho el Padre Eterno
que después del Silencio solicitar debía,
creía que debía de buscar camino del inferno,
pues pensaba que entre los condenados lugar tener debía.
mas la encontró en un nuevo inferno,
(¿quién lo diría?) entre los oficios y las misas...
raro le pareció a Miguel que ella more aquí,
cuando esperaba para hallarla tener que hacer mucho camino.
La reconoió en su vestimenta d emil colores,
cosido con linstones mil e infinios,
que por aquí la cubren, por allá no, y que sus paso sy el viento,
van abriedo, pues se halla toda desgarrada.
Sus cabellos era ya de oro, ya de plata,
y algunos negros, otros rojos, y parecía que entre ellos había litigio.
algunos trenzados, otros atados con un moño,
muchos sueltos a la espalda, y unos pocos sobre el pecho mostraba.
Estaban llenas de emplazamientos y citatorios,
de sumarios y de apercibimientos
estaban sus manos y su pecho,
de denuncias, de recomendaciones y de acusaciones,
que por tales cosas los bienes de los humildes
nunca seguros se hallan en las ciudades...
Por detrás, y por delante y a ambos lados,
la circuían escribanos, procuradores y abogados.
Se encuentra en el canto XIV del Orlando Furioso, octavas 82 a 84.
Quella che gli avea detto il Padre Eterno
dopo il Silenzio che trovar dovesse.
Pensato avea di far la via d' Averno,
chè si credea che tra' dannati stesse;
e ritrovolla in questo nuovo inferno
(Chi' l crederia?) tra santi uffici e messe.
Par di strano a Michel ch' ella vi sia,
che per trovar credea di far gran via.
La conobbe al vestir di color cento,
fatto a liste ineguali ed infinite,
ch'or la coprono, or no; che i passi e' l vento
le giane aprendo, ch'erano sdrucite.
I crini avea qual d' oro e qual d' argento,
e neri e bigi; e aver pareano lite;
altri in treccia, altri in nastro eran raccolti,
molti alle spalle, alcuni al petto sciolti.
Di citatorie piene e di libelli,
d'esamine e di carte e di procure
avea le mani e il seno, e gran fastelli
di chiose, di consigli e di letture;
per cui le facultà dei poverelli
non sono mai nelle città sicure.
Avea dietro e dinanzi d'ambi i lati,
notai, procuratori ed avvocati.
La descripción es muy sabia, pues incorpora dos ámbitos criticados fuertemente: la Iglesia y los abogados.
traduzco:
Aquella que le había dicho el Padre Eterno
que después del Silencio solicitar debía,
creía que debía de buscar camino del inferno,
pues pensaba que entre los condenados lugar tener debía.
mas la encontró en un nuevo inferno,
(¿quién lo diría?) entre los oficios y las misas...
raro le pareció a Miguel que ella more aquí,
cuando esperaba para hallarla tener que hacer mucho camino.
La reconoió en su vestimenta d emil colores,
cosido con linstones mil e infinios,
que por aquí la cubren, por allá no, y que sus paso sy el viento,
van abriedo, pues se halla toda desgarrada.
Sus cabellos era ya de oro, ya de plata,
y algunos negros, otros rojos, y parecía que entre ellos había litigio.
algunos trenzados, otros atados con un moño,
muchos sueltos a la espalda, y unos pocos sobre el pecho mostraba.
Estaban llenas de emplazamientos y citatorios,
de sumarios y de apercibimientos
estaban sus manos y su pecho,
de denuncias, de recomendaciones y de acusaciones,
que por tales cosas los bienes de los humildes
nunca seguros se hallan en las ciudades...
Por detrás, y por delante y a ambos lados,
la circuían escribanos, procuradores y abogados.
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